Madres
- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones
Serguéi Esenin (1895-1925)
Carta a mi madre.
Trad.: f. f.
¿Todavía estás viva, mi viejita?
Yo también. ¡Salud a ti, salud!
Ojalá se vierta aun sobre tu cabaña
aquella indescriptible luz del atardecer.
Me escriben que, ocultando tu inquietud,
te entristeces mucho por mí,
que a menudo vas hasta el camino
con tu viejo vestido anticuado.
Y en la penumbra azul del atardecer
a menudo crees ver la misma cosa:
que alguien, en una riña de taberna,
me clava un puñal en el corazón.
¡No es nada, mamá! Tranquilízate.
Es sólo un pesado desvarío.
No soy todavía un borracho tan penoso
como para morir sin verte antes.
Yo soy antes que nada un tierno,
y solo sueño con volver,
por la rebelde tristeza, cuando antes,
a nuestra casita baja.
Volveré cuando abra las ramas
en primavera nuestro jardín blanco.
Solo que esta vez no me despiertes
al amanecer, como hace ocho años.
No me despiertes de lo que sueño.
No te preocupes por lo que no ha sucedido,
basta con la temprana pérdida y el cansancio
que tuve que experimentar en la vida.
Y no me enseñes a rezar: ¡No hace falta!
A los viejos tiempos no hay regreso.
Solo tú eres para mí alegría y consuelo.
Solo tú eres para mí una luz extraordinaria.
Deja, pues, de preocuparte.
No te entristezcas tanto por mí.
No vayas al camino tan seguido
con tu viejo vestido anticuado.
1924
Foto: Esenin con la madre, samovar de por medio.
Ver menos
- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones

Comentarios
Publicar un comentario