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Mostrando entradas de octubre, 2022

El Kremlin

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  Moscú. En camino a la estación de Kursk.   Todos dicen “el Kremlin, el Kremlin”. A todos los escuché hablar sobre él, pero yo mismo no lo vi ni una sola vez. Cuántas veces ya (mil veces), borracho o con resaca, he recorrido Moscú de norte a sur, de oeste a este, de extremo a extremo, a través o como venga… y ni una sola vez vi el Kremlin. Así que tampoco ayer lo vi… y eso que me la pasé dando vueltas por esos lugares toda la tarde, y ni siquiera estaba muy borracho… Apenas llegué a la estación Saviólovskaia me tomé, para empezar, un vaso de zubrovka, porque sé por experiencia que, como decocción matutina, la gente no ha inventado nada mejor. Bueno. Un vaso de zubrovka. Y después, en la Kaliáievskaia, otro vaso, solo que esta vez no de zubrovka, sino de aguafuerte de cilantro. Un amigo mío decía que el aguafuerte de cilantro actúa en la persona de forma inhumana, porque fortalece todos los miembros, pero debilita el alma. Por algún motivo, a mí me prod...

Venia

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  Hoy cumpliría 84 años Venedikt (Venia) Eroféiev, autor de la mejor obra del siglo XX, el poema Moscú-Petushkí.  Durante la semana compartiremos fragmentos de la genial Odisea rusa, publicada por primera vez (fuera de Rusia, claro) en 1969.  Los títulos de los capítulos son los tramos entre estaciones del ramal del tren que une Moscú con la ciudad de Petushkí, a 126 km. Comienza con la siguiente... Advertencia del autor  La primera edición de Moscú – Petushkí , en virtud de que consistía de un solo ejemplar, se agotó rápidamente. Desde ese momento, recibí muchos reproches por el capítulo “Hoz y Martillo – Karachárovo”, totalmente injustos. En la Introducción a la primera edición les advertía a las señoritas que debían pasar el capítulo “Hoz y Martillo – Karachárovo” sin leerlo, en virtud de que después de la frase “E inmediatamente bebí” seguía una página y media de puro lenguaje soez y de que en todo ese capítulo no había una sola palabra que no fuese digna de ser ...

Madres

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Serguéi Esenin (1895-1925) Carta a mi madre. Trad.: f. f. ¿Todavía estás viva, mi viejita? Yo también. ¡Salud a ti, salud! Ojalá se vierta aun sobre tu cabaña aquella indescriptible luz del atardecer. Me escriben que, ocultando tu inquietud, te entristeces mucho por mí, que a menudo vas hasta el camino con tu viejo vestido anticuado. Y en la penumbra azul del atardecer a menudo crees ver la misma cosa: que alguien, en una riña de taberna, me clava un puñal en el corazón. ¡No es nada, mamá! Tranquilízate. Es sólo un pesado desvarío. No soy todavía un borracho tan penoso como para morir sin verte antes. Yo soy antes que nada un tierno, y solo sueño con volver, por la rebelde tristeza, cuando antes, a nuestra casita baja. Volveré cuando abra las ramas en primavera nuestro jardín blanco. Solo que esta vez no me despiertes al amanecer, como hace ocho años. No me despiertes de lo que sueño. No te preocupes por lo que no ha sucedido, basta con la temprana pérdida y el cansancio que tuve que e...

Alcohol, de Dmitri Górchev

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  Dmitri Górchev Alcohol (2005) Seguimos en modo Górchev. Trad. F. F. ¡Qué bello es el hombre ebrio! Cuando yace con los pantalones bajos sobre el asfalto cerca de la entrada de la estación de tren, todos los transeúntes experimentan necesariamente un sentimiento de orgullo. Sea por sí mismo y no por aquel, ¿y qué? ¿Quién es más libre en este mundo: aquel que camina hacia su hogar con desde su abominable trabajo, tira puntualmente de su rígida correa, lleva su cruz ofensiva y paga su impuesto desorbitante, o aquel que, sin conocer preocupaciones, se tiende a sus anchas en un charco?  Puede ser que viva despreciado, sucio, despedido de todos los trabajos, solitario y feo de cara. Pero es él, precisamente él quien tomó la Bastilla, el Palacio de Invierno, escribió la ópera Jovánschina,  el poema Moscú-Petushkí,  y la poesía “Dejó de hablar el dorado bosque”.  Sin embargo, los abstemios le obsequiaron al mundo a Hitler y Chikatilo.    Allí se arrastra el ...

Ciudad Pushkin, de Dmitri Górchev

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Ciudad Pushkin De Dmitri Górchev (1963-2010).  Lo descubrí gracias a la recomendación de una amiga pushkinista pushkiniana pushkinera (pero de un Pushkin verdadero) y lo empecé a leer. Me envicié. Publicaba en blogs. Traducción F. F.     En la ciudad Pushkin, por radio solo transmiten la ópera evgueni onieguin, y por televisión muestran sólo las películas el maestro de postas y la hija del capitán. En las últimas noticias cuentan sobre lo que estaba haciendo Pushkin en el mismo momento en el año mil ochocientos veintiuno, después en el veintidós y así sucesivamente. Una vez, un muchacho de la ciudad Pushkin soldó en secreto una radio de galena [1] y durante cuatro horas seguidas escuchó programas de otras ciudades. En cuatro horas no dijeron una sola palabra sobre Pushkin. A causa de esto, al muchacho le empezó a salir sangre de la nariz, y a la noche Pushkin fue a su casa y lo golpeó con un palo, y por eso el muchacho se volvió Imbécil. Ahora se hace encima y se...

Hermanas

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  El 27 de septiembre se cumplieron 128 años del nacimiento de Anastasía Tsvetáieva (1894-1993), hermana menor de Marina, quien la menciona siempre como Asia. Fue escritora, autora de memorias, poeta y traductora. En 1933 fue arrestada y encarcelada, acusada de pertenecer a la orden de los Rosacruces y a otras logias masónicas, pero a los dos meses y medio fue liberada gracias a las gestiones de Pasternak (que había elogiado su primer libro, “Reflexiones reales”, de 1914) y Gorki, entre otros escritores. Fue arrestada nuevamente en 1937, pero esta vez fue deportada al Gulag y, después de 10 años de destierro, nuevamente deportada en 1947 por otros cinco años. Escribió memorias sobre su estancia en los campos de trabajo de Siberia. En 1921, en Feodosia, Anastasía escribe para su hermana mayor el siguiente relato, titulado “El cuento de las niñas gigantes”. Según nuestros amigos del Museo del Siglo de Plata Ruso, este relato haya llegado a nosotros es un verdadero milagro. Todos los ...

Zapovienik / Заповедник

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Empecé a guiar excursiones regularmente. A veces dos por turno. Evidentemente, me dieron la aprobación. Cuando hacían la excursión agentes culturales, intelectuales, maestros — era yo el que trabajaba con ellos. Mis excursiones se distinguían en algo. Por ejemplo, como lo atestiguó la curadora del museo de Trigórskoie, en “la manera libre de las explicaciones”. Ahí se dejaba ver mayormente mi parte histriónica. A pesar de que al quinto día ya había  aprendido de memoria el texto de las instrucciones, me daba maña para simular una improvisación mocionada.  Tartamudeaba artificialmente, como si buscara definiciones, me equivocaba, gesticulaba, adornaba mis cuidadosamente elaboradas improvisaciones con los aforismos de  Gukovski y Shógoliev. Cuanto más profundamente conocía a Pushkin, tanto menos ganas tenía de hablar de él. Y menos todavía a ese nivel tan vergonzoso. Cumplía mecánicamente mi papel, cobrando un dinero bastante bueno. (La excursión completa costaba unos ocho ...